Muchos bebés recién nacidos son propensos a la regurgitación de parte de la leche durante o después de la toma. Las familias se preocupan cuando el bebé expulsa leche por la boca y se alarman. Mientras que la regurgitación y el reflujo son fisiológicos y naturales en los primeros meses, el vómito del bebé puede resultar un problema y debe ser tratado con cautela.

 

Diferencia entre regurgitación y reflujo del bebé

El reflujo gastroesofágico es el mecanismo por el cual el contenido del estómago regresa al esófago y puede alcanzar la boca.

Es un proceso común en los bebés sanos, durante los primeros meses de vida.

La regurgitación es cuando observamos el contenido del estómago fluyendo a través de la boca. Por lo tanto, regurgitación y reflujo gastroesofágico hace referencia al mismo proceso.

 

¿Por qué ocurre el reflujo gastroesofágico?

El reflujo gastroesofágico ocurre por la inmadurez del esfínter esofágico inferior (el músculo que cierra el estómago y lo separa del esófago).

Hasta que este músculo madura, la regurgitación puede ser molesta y persistente en los bebés.

Se estima que durante los primeros 4 meses de vida, el 67% de los bebés sufren reflujo, y se resuelve en la mayoría de los casos, al año de vida, y el resto a los dos años.

 

¿Puede afectar la regurgitación al crecimiento del bebé?

La regurgitación es un proceso que no debe afectar a la salud del bebé, siempre que el bebé aumente bien de peso, y esté tranquilo.

A pesar de que los padres se alarman cuando el bebé regurgita, la cantidad de alimento expulsado no suele ser significativa y no afecta al bienestar y la salud del bebé.

Cuando el reflujo es intenso y continuo o se presentan vómitos, el esófago puede irritarse y provocar malestar y pérdida de peso en el bebé.

En esos casos el bebé se mostrará muy molesto, especialmente cuando esté en posición tumbada, debido a la irritación de las mucosas del esófago y a la mayor facilidad de regurgitación del contenido estomacal.

 

Síntomas y señales de alarma del reflujo del bebé

Cuando observes alguna de estas señales, es conveniente consultar con el pediatra para valorar al bebé y adaptar el tratamiento más adecuado, en el caso de que sea necesario

- Pérdida de peso o estancamiento

- Irritabilidad

- Vómitos explosivos

- Trastornos de sueño

-  Líneas de sangre en la regurgitación.

 

¿Qué podemos hacer para mejorar la sintomatología?

Dado que el reflujo es un proceso fisiológico, podemos ayudar al bebé con medidas higiénicas y posturales para reducir la regurgitación y las molestias.

- Coloca el bebé de lado izquierdo para dormir y eleva el cabezal de la cuna (30º de inclinación).

- Portea a tu peque. El porteo permite mantener al bebé en posición vertical, con lo cual se reduce el número de regurgitaciones, especialmente después de las tomas.

- En la medida que el niño inicie la alimentación complementaria, mejorará la sintomatología debido a la madurez intestinal y a que la comida es más sólida.

- Evita sobre ingestas tanto en volumen como en número de tomas. Es preferible alimentar al bebé antes de que se muestre muy hambriento.

- Vestir al bebé con ropa cómoda y holgada y evitar los pañales muy ajustados que hacen presión sobre el abdomen.

- Haz eructar al bebé después de la toma para liberar parte del aire que se acumula en el vientre.

- Puedes utilizar una bandana para absorber la leche que pueda regurgitar el peque en un momento determinado.

 

El vómito del bebé

El vómito es un evento más violento que la regurgitación y el bebé expulsó mayor contenido del estómago.

Cuando los vómitos son continuados, habitualmente están causados por un trastorno, generalmente un virus, y pueden provocar deshidratación por la pérdida excesiva de líquido.

 

Signos de alarma

Es importante observar al bebé cuando vomita, porque los siguientes signos nos indican la importancia de consultar con el médico de forma inmediata.

- Letargo o apatía

- Desconsuelo o irritabilidad

- Abultamiento de las fontanales

- Holos hundidos, poca saliva.

- Rigidez de la nuca, fiebre

- Dolor o hinchazón abdominal

- Deposiciones sanguinolentas

- Vómito en proyección

- Disminución del volumen de orina (observamos que moja menos pañales)

 

Alimentación e hidratación del bebé

Mantener una correcta hidratación es fundamental. Para ello, ofrece al bebé pequeñas cantidades de alimento.

Es preferible ofrecer poca cantidad de alimento, de forma más frecuente.

Si el peque ya ha iniciado la alimentación complementaria, no está indicado realizar dietas especiales, solo respetar el apetito del niño y ofrecerle poca cantidad para valorar cómo lo tolera.

Si no tolera nada, es necesario acudir al pediatra de forma urgente.

 

La regurgitación y el reflujo gastroesofágico son procesos fisiológicos en el niño pequeño, que, a pesar de alarmar a las familias, no suele ser peligroso para la salud del bebé, y con medidas posturales y algunos cuidados, es suficiente.

Sin embargo, cuando el bebé expulsa gran contenido del estómago, de forma repetida y se puede acompañar de malestar y otros síntomas, ya estamos hablando del vómito del bebé, y es recomendable consultar con el médico debido a la facilidad de deshidratación que tienen los peques.